jueves, 24 de septiembre de 2009

"HOY JUEVES MORIRÍA EN PARIS"...



Desde 1923, Vallejo comparte en París los inicios de las vanguardias. Tras un comienzo vagamente modernista, se le relaciona - sin mucha precisión- con el simbolismo, el dadá, el ultraísmo, el expresionismo... Pero las formas vanguardistas son más bien, en su caso, el mero cauce de una enorme fuerza subterránea de humanidad, dolor y compasión, que hace saltar las estructuras del idioma, sobrepasa la sintaxis y aun la ortografía convencional, y se desborda en la invención de neologismos. Su sintaxis retorcida y su imprevisible adjetivación, por ejemplo, son mucho menos una voluntad experimental que la contorsión espontánea impresa por el sufrimiento (o, a ratos, por la alegría) a su lenguaje: Amadas sean las orejas sánchez.../ Amado sea aquel que tiene chinches,/ el que vela el cadáver de un pan con dos cerillas.../ ¡Ay de tanto! ¡Ay de tan poco! ¡Ay de ellos!

Fugitivo de la sangre, este hombre errante y dividido no encontrará su identidad tan buscada, su perdido paraíso andino, ni en la Lima hostil ni en el París cosmopolita. Ni deprecatorio como la Mistral, ni lúdico como Huidobro, ni telúrico como Neruda, su tono dominante será una desgarradora ternura casi infantil, en la cual su herencia quechua pone un sello indeleble y característico.


Me moriré en París con aguacero, un día del cual tengo ya el recuerdo. Me moriré en París - y no me corro- tal vez un jueves, como es hoy, de otoño. Jueves será, porque hoy, jueves, que proso estos versos, los húmeros me he puesto a la mala y, jamás como hoy, me he vuelto, con todo mi camino, a ver- me solo. César Vallejo ha muerto, le pegaban todos sin que él les haga nada; le daban duro con un palo y duro también con una soga; son testigos los días jueves y los hue- sos húmeros, la soledad, la lluvia, los caminos...